Cayambe - Un día entre volcanes y bizcochos

El día comenzó con el aire puro y frío que solo se siente al acercarse al coloso Cayambe. Fue un viaje de risas y complicidad, una pausa necesaria para disfrutar de la compañía de mi hija y de mi madre, uniendo tres historias en un mismo camino.

Nuestra primera parada obligada fue por los tradicionales bizcochos. El aroma a leña y mantequilla nos recibió como un abrazo. Allí, sentadas a la mesa, compartimos el crujir de los bizcochos recién salidos del horno, acompañados con ese queso de hoja que se deshace en la boca y un dulce de leche que nos devolvió la energía para seguir explorando.

Paseamos por el parque central, admirando la iglesia y dejando que el tiempo pasara sin prisas. Ver a mi madre sonreír con la tranquilidad del paisaje y a mi hija disfrutar de su merecido descanso del trabajo fue el mejor paisaje de todo el viaje. Entre anécdotas y fotos para el recuerdo, el día se nos fue volando, pero nos dejó el corazón lleno.

Regresamos a casa con el alma renovada, agradecidas por este reencuentro y con el sabor dulce de un día perfecto en el corazón de los Andes.

 

























Esta hermosa juguetería me apareció en medio del camino y aproveché para comprar ese lindo juguete para mi nieto que estaba por nacer.





 

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